
Como el ciervo ansioso brama
frescas aguas por beber,
así siente toda mi alma
del Dios vivo grande sed.
Mi alma tiene sed de Dios,
y al Señor alza su voz.
¿Cuándo iré ante su presencia,
a gozar de su clemencia?
Pan de lágrimas amargas
constituye mi porción.
Búrlanse los enemigos:
"Dinos, ¿dónde está tu Dios?"
Mi recuerdo, con dolor,
vuelve...